viernes, 9 de enero de 2015

Una nueva prensa para una nueva lucha.

Desde su creación la lucha libre se propuso la tarea de aumentar su difusión y lograr tener la mayor cobertura posible en los diversos medios de comunicación. La misión no era fácil, de hecho, fuera de las revistas especializadas eran muy pocos los medios que le daban un espacio a la lucha libre, la idea generalizada por parte de los editores deportivos de no considerar a la lucha como un deporte en forma, la excluían de antemano de las páginas deportivas de los principales diarios.

Esa es la relación que, en general, ha mantenido la lucha libre con la prensa durante la mayor parte de su historia, relación que se ha visto alterada únicamente en tres etapas; el boom de los noventas, el boom de la primer década del nuevo milenio y la etapa actual -herencia de la anterior-. En estas tres épocas la lucha libre logró ir mas allá de las revistas especializadas y de las transmisiones deportivas, pudo inmiscuirse, por ejemplo, en varios espacios deportivos de la prensa escrita, radio y televisión -mención especial para el diario deportivo "La Afición" quien durante años fue un gran aliado de la lucha libre-, llegando incluso a ocupar un espacio en el que entonces era el diario deportivo más importante del país, "Esto", aunque lo hizo de manera fugaz e infame al ser publicada en la sección de espectáculos de dicho diario.

Los noventas son la época en donde los aficionados descubrieron a columnistas que tenían años escribiendo en las revistas especializadas bajo tres principales lineamientos: informar, promover y publicitar. Fórmula que dicho sea de paso se mantiene hasta el día de hoy -aunque variando la importancia que cada medio le da a cada rubro-. También en esta época es cuando aparecen en escena dos personajes que, a la fecha, son considerados como referentes del periodismo de la lucha libre, Arturo Rivera y Alfonso Morales. Por una parte Rivera representaba a la versión mexicana del cronista rudo que ya había sido popularizado en E.U. Personalidad que el cronista complemento con un humor simplón que ya previamente había sido explorado por periodistas que escribían bajo seudónimos en las revistas de la lucha libre y que opinaban sobre la misma en un tono cómico. Por el otro lado teníamos a Morales como la voz de la lucha libre, la figura del periodismo deportivo más identificada con nuestro deporte, "el especialista" por excelencia, aunque en realidad ambos no tenían grandes conocimientos sobre la lucha libre estaban influenciando a generaciones enteras.

La debacle del boom de los noventas y el vodevil en el que Antonio Peña convirtió a la lucha libre permitieron una reacción lógica ante tal debacle; el nacimiento de una nueva clase de periodista de la fuente, el periodista crítico e informado, carente del don de la promoción y creación de sus antecesores pero con una cultura deportiva más extensa y no limitada al ámbito nacional. Influenciados por periodistas estadounidenses y japoneses, trataron, ahora sabemos que sin éxito, de romper con varios tópicos considerados como tabúes por parte de sus predecesores  ¿Hasta qué punto se puede cuestionar a la realidad de la lucha libre desde la propia industria?  Esa parecía ser la pregunta que de manera constante se formulaban los periodistas de esta época.

Al coincidir con el boom del nuevo milenio se plantearon nuevos problemas en la prensa especializada. Se intentó repetir, sin éxito, la fórmula de promoción de empresas y personajes, tal y como en el pasado lo hicieron Valero y Pérez, aunque al carecer de su talento, se quedaron en meros intentos. 

Las posturas conservadoras y críticas de la prensa se confrontaban a menudo, mientras que los primeros se decantaban por promover sin cuestionamientos a promociones fraudulentas, los segundos se empeñaban en denunciarlas. ¿Estás a favor o en contra de la industria? Ni siquiera era posible responder a esa pregunta ¿qué era estar a favor de la industria? ¿Solapar sus históricas tranzas o denunciarlas? La ambigüedad de la lucha libre parecía indicar que ninguna de las dos posturas era correcta. La crítica general se volvió particular, cuestión de bandos e intereses, maniqueísmo puro.

En esta época se dan dos hechos interesantes; la conquista, aparentemente definitiva, de espacios en los principales espacios deportivos como consecuencia de la aceptación de la lucha libre como parte de nuestra cultura -aunque bajo el tono de "lo populacho es in"- El luchador se volvió, sino parte medular, si una fuente de información para revistas del corazón. En el plano deportivo incluso logro tener espacios en los programas deportivos dirigidos por el periodista más influyente del área, José Ramón Fernandez, algo inaudito, atendiendo al histórico desdén con la cual el periodista suele ver a la lucha libre. Aunque la cobertura fue pasajera, no lo fue así en otros diarios y medios que cada vez eran más populares -internet-. En buena medida, la experiencia del nuevo milenio sirvió para que la lucha libre tuviera un espacio en varios segmentos deportivos y dar pie a una nueva generación de periodistas.

El otro factor de relevancia fue el surgimiento del mal llamado "periodista ciudadano", el bloggero, youtuber, forista. Aficionados que, sin restricción alguna, opinaban a menudo sin sustento, las menos con fundamento, de cualquier tópico de la industria, les fuera ajeno o no, con conocimiento de causa o sin él, la crítica por la crítica que no solo no respetaba a los códigos de la lucha libre sino que tampoco respetaba a las reglas del periodismo. Nadie estaba listo para recibir tanta información proveniente de tantas "fuentes", ni a nadie le parecía importante corroborarla. las historias contadas se daban por ciertas, la imaginación se imponía a la razón. 

La existencia de las condiciones anteriormente señaladas dieron pie al periodismo luchistico de la actualidad, el cual, a mi entender, tiene las siguientes características; derivado del fracaso del periodismo critico que termino por emigrar a otros deportes de contacto tales como el box o las AMM volvimos a un periodismo proteccionista de la industria, cómplice y abiertamente corporativo; es un periodismo que pondera a la publicidad por encima de la información, hecho que de alguna manera trae de vuelta al periodista promotor -aunque en una escala micro-; las plumas más influyentes del boom del nuevo milenio, tanto de la prensa formal como de la internauta, se quedaron ahí, no sobrevivieron, actualmente quienes escriben sobre lucha libre en los espacios deportivos con mayor repercusión, no destacaron nunca en aquellos años pero, indudablemente, tuvieron mayor capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, o bien, fueron bendecidos por la suerte tal y como es el caso de los narradores de Cadena Tres; a juzgar por lo escrito en la prensa diría que pululan las columnas de corte cómico, con lenguaje coloquial, la lucha libre volvió a lo más básico; Pondera al aspecto mediático por encima del mérito técnico, una buena función es aquella que ofrece más sorpresas de esta naturaleza, "la sorpresa" es la nota más buscada durante la cobertura de cada función.

Se podrìa decir que actualmente la lucha libre tiene la mayor cobertura periodistica de su historia, lamentablemente, esta se presenta a la par del declive de la prensa especializada y de la propia popularidad de la lucha libre. Se logró el objetivo, es indudable, pero la consecución del mismo no provoca la sensación de triunfo que deberia.

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