sábado, 20 de septiembre de 2014

Atlantis ¿Qué lugar ocupa en la historia de nuestra lucha?

La lucha libre, como la mayoría de profesiones, es una carrera de resistencia, una carrera en donde algunos tienen ascensos meteóricos pero que después ya no pasa nada con ellos, trapean el piso con su prestigio, o bien, donde tras mucho tiempo de picar piedra la recompensa llega en una etapa tardía. Muy pocos pueden presumir de contar con una carrera exitosa en todas y cada una de sus etapas, uno de esos pocos privilegiados es Atlantis, quien con su triunfo de anoche llegó a la increíble marca de protagonizar y vencer en cada una de las cuatro décadas en que le ha tocado luchar en funciones de aniversario. Un hecho simplemente impresionante que lo desmarca del resto de luchadores.

A Atlantis, como a cualquier otra figura que se precie de gozar del éxito, no le faltan detractores, al contrario, son numerosas las voces que en un análisis simplista y sesgado reducen la carrera de Atlantis a ser un mero protegido de Francisco Alonso Lutteroth. Voces que deliberadamente omiten señalar que pese a que Atlantis, al igual que muchos otros, fue promovido a temprana edad con miras a convertirlo en una estrella aún y cuando todavía era inmaduro, él, a diferencia de cientos de luchadores, si pudo triunfar y mantenerse como uno de los favoritos del público. 
Estas mismas voces también suelen ser tendenciosas y contar verdades a medias, por ejemplo, que Atlantis solo es premiado por su lealtad a su empresa. Si esto fuera cierto, luchadores como Octagón nunca hubieran abandonado los planes estelares, seguirían acumulando éxitos y siendo pieza fundamental de los eventos estelares de su empresa en vez de llevar años sin tener un solo éxito y de trabajar en arenas para doscientas personas. No, para triunfar en la lucha libre no basta con contar con el apoyo de tu empresa ni con ser leal, es importante, por supuesto, pero es más importante tener calidad, disciplina, ser profesional, saber luchar y saber interpretar cada momento en tu carrera.

Atlantis ha tenido en cada etapa de su carrera en el CMLL una dura competencia, compartió el escenario con luchadores que lo superaban en calidad e incluso llegó a tener un momento de crisis en donde, tras un error de lectura, no había entendido el cambio de aires y por ello fue superado en popularidad por el Dr. Wagner Jr., sin embargo, hasta ese momento, estando en la peor etapa de su carrera, estaba proyectado para ser parte del evento estelar de un aniversario ¿Qué otros de sus contemporáneos tendrían ese privilegio? Muchos de sus compañeros de generación, anteriores y posteriores, ante una crisis no les queda de otra que apostar su máscara en una empresa sin prestigio.

jueves, 10 de abril de 2014

¿Quién es el público de la lucha libre en la actualidad?

En décadas pasadas era fácil de identificar al aficionado común de la lucha libre, el común denominador era ver sujetos pertenecientes a la clase popular, familias enteras que acudían con frecuencia a presenciar un espectáculo, que hasta antes del 200X, era considerado vulgar y tratado con tono peyorativo por contar con un “target” ubicado en sectores con poco poder adquisitivo.

En el 200X y años posteriores se vio a un nuevo tipo de aficionado; individuos que se ubicaban dentro de la clase media mexicana, hijos y nietos de los viejos aficionados de la lucha libre que, en un movimiento natural, regresaban con un mayor poder adquisitivo que el de sus predecesores. Las familias seguían estando presentes, pero cada vez se veían en las arenas a más grupos de aficionados que ya no estaban ligados por línea consanguínea sino por amistad. Hablamos de individuos entre 16 a 25 años de edad quienes ya no compartían su afición con sus familiares, sino con sus amistades. La lucha libre ya no se vivía como antes, ahora el aficionado estaba más cerca de ser un fanático.

En esta época también llegó el aficionado con un poder adquisitivo superior, aquel que pertenece a la clase media-alta, o alta, y a quien se acusa, tal vez injustificadamente, de ser un aficionado poco instruido, alguien que sigue a la lucha libre por moda y no por un genuino interés. Más allá de las descalificaciones a la ligera que reciben los aficionados de este sector, lo cierto es que representan un grupo que en oposición al de los fanáticos, no están al pendiente de las noticias de la industria, ni especulan sobre la misma, sino que más allá de seguir a alguien en particular o de fijarse en la calidad del espectáculo, simplemente acuden a las arenas porque quieren y pueden.

Ambos grupos poco a poco fueron desplazando a las familias como grupo preponderante en las arenas. ¿Por qué sucedió esto? La respuesta seria un fenómeno digno de estudio, toda vez que la economía pareciera no ser suficiente razón para haber provocado este distanciamiento ya que, por ejemplo, la economía del país en los ochentas no era nada buena y pese a ello las arenas estaban llenas de las clásicas familias mexicanas de aquel entonces –de por lo menos cuatro a seis integrantes- Los jefes de familia se las arreglaban para llevar a su esposa e hijos a la arena ¿Cuál fue la razón entonces? Tengo la teoría de que uno de los motivos fue que se descuidó el contenido familiar, y con esto no quiero decir que la lucha libre se volvió clasificación C, sino que sus conceptos, sus personajes e incluso la forma de estar comunicada con ella, poco tenía que ver con el típico aficionado que se venía cultivando durante décadas y sí mucho que ver con los adolescentes pertenecientes a la era de las redes sociales y la tecnología de bolsillo. Si hacemos memoria vamos a encontrar a muy pocos ejemplos de personajes y conceptos verdaderamente familiares que se formaran dentro de este periodo. Se llevaron a cabo muy pocas ideas que contaran con la aceptación del viejo público de la lucha libre, y por el contrario, la mayoría de ellas estuvo enfocadas a las nuevas generaciones.