viernes, 23 de enero de 2015

Por favor, no intentes esto en el ring.

El Tema de las adicciones en la lucha libre ya ha sido tocado en otras ocasiones, lamentablemente, no con la profundidad ni con la seriedad que amerita el caso –me incluyo-, por el contrario, el tema, cuando no se censura o se minimiza por parte de los editores, suele ser utilizado para denostar. El contexto y las consecuencias son lo de menos, el propósito es agraviar. En este mismo sentido es que se dio la última referencia del tema cuando Konnan, en una más de sus típicas vendettas, señaló a Octagón como un elemento que llegó a laborar estando bajo los efectos de bebidas embriagantes y estupefacientes.

La acusación, que no es nueva  y que de hecho llegue a contar en alguno de los espacios que tuve, pasa a segundo termino. Lo verdaderamente trascendente es la identidad de quien realizó la declaración; un hombre que a lo largo de su historia como luchador activo ha desempeñado labores de caza talento, escritor e incluso de programador, Konnan, personaje que desempeño  dichas funciones teniendo en más de una ocasión como talento activo al referido Octagón y al cual no en pocas ocasiones utilizó como elemento a cuadro. Ahí radica el conflicto de intereses. 
Si la acusación viniera por parte de aficionados quedaría bajo tela de duda por carecer de medios óptimos de prueba que la acrediten, sería una simple historia, tal y como lo fue durante años, pero ha medida que sube la credibilidad del acusador las consecuencias son diversas, por ejemplo, si fuera un compañero de trabajo cabria preguntarle ¿por qué no lo denunciaste en su momento?; si fuera un periodista cabría preguntarle ¿es el único caso?; y si fuera, como lo es el caso, un empresario, promotor o programador ¿por qué permitiste que trabajara en esas condiciones? ¿fue un caso aislado u otras ocasiones también has sido omiso al respecto?

Hoy en día han aumentado los grupos de individuos que defienden al derecho al consumo de estupefacientes, sin embargo, independientemente de que ese no es el tema, cabe señalar que la lucha libre como actividad regulada que es, requiere que sus autoridades sean eficaces en el control y consumo de las mismas.  

viernes, 9 de enero de 2015

Una nueva prensa para una nueva lucha.

Desde su creación la lucha libre se propuso la tarea de aumentar su difusión y lograr tener la mayor cobertura posible en los diversos medios de comunicación. La misión no era fácil, de hecho, fuera de las revistas especializadas eran muy pocos los medios que le daban un espacio a la lucha libre, la idea generalizada por parte de los editores deportivos de no considerar a la lucha como un deporte en forma, la excluían de antemano de las páginas deportivas de los principales diarios.

Esa es la relación que, en general, ha mantenido la lucha libre con la prensa durante la mayor parte de su historia, relación que se ha visto alterada únicamente en tres etapas; el boom de los noventas, el boom de la primer década del nuevo milenio y la etapa actual -herencia de la anterior-. En estas tres épocas la lucha libre logró ir mas allá de las revistas especializadas y de las transmisiones deportivas, pudo inmiscuirse, por ejemplo, en varios espacios deportivos de la prensa escrita, radio y televisión -mención especial para el diario deportivo "La Afición" quien durante años fue un gran aliado de la lucha libre-, llegando incluso a ocupar un espacio en el que entonces era el diario deportivo más importante del país, "Esto", aunque lo hizo de manera fugaz e infame al ser publicada en la sección de espectáculos de dicho diario.

Los noventas son la época en donde los aficionados descubrieron a columnistas que tenían años escribiendo en las revistas especializadas bajo tres principales lineamientos: informar, promover y publicitar. Fórmula que dicho sea de paso se mantiene hasta el día de hoy -aunque variando la importancia que cada medio le da a cada rubro-. También en esta época es cuando aparecen en escena dos personajes que, a la fecha, son considerados como referentes del periodismo de la lucha libre, Arturo Rivera y Alfonso Morales. Por una parte Rivera representaba a la versión mexicana del cronista rudo que ya había sido popularizado en E.U. Personalidad que el cronista complemento con un humor simplón que ya previamente había sido explorado por periodistas que escribían bajo seudónimos en las revistas de la lucha libre y que opinaban sobre la misma en un tono cómico. Por el otro lado teníamos a Morales como la voz de la lucha libre, la figura del periodismo deportivo más identificada con nuestro deporte, "el especialista" por excelencia, aunque en realidad ambos no tenían grandes conocimientos sobre la lucha libre estaban influenciando a generaciones enteras.

La debacle del boom de los noventas y el vodevil en el que Antonio Peña convirtió a la lucha libre permitieron una reacción lógica ante tal debacle; el nacimiento de una nueva clase de periodista de la fuente, el periodista crítico e informado, carente del don de la promoción y creación de sus antecesores pero con una cultura deportiva más extensa y no limitada al ámbito nacional. Influenciados por periodistas estadounidenses y japoneses, trataron, ahora sabemos que sin éxito, de romper con varios tópicos considerados como tabúes por parte de sus predecesores  ¿Hasta qué punto se puede cuestionar a la realidad de la lucha libre desde la propia industria?  Esa parecía ser la pregunta que de manera constante se formulaban los periodistas de esta época.

Al coincidir con el boom del nuevo milenio se plantearon nuevos problemas en la prensa especializada. Se intentó repetir, sin éxito, la fórmula de promoción de empresas y personajes, tal y como en el pasado lo hicieron Valero y Pérez, aunque al carecer de su talento, se quedaron en meros intentos. 

Las posturas conservadoras y críticas de la prensa se confrontaban a menudo, mientras que los primeros se decantaban por promover sin cuestionamientos a promociones fraudulentas, los segundos se empeñaban en denunciarlas. ¿Estás a favor o en contra de la industria? Ni siquiera era posible responder a esa pregunta ¿qué era estar a favor de la industria? ¿Solapar sus históricas tranzas o denunciarlas? La ambigüedad de la lucha libre parecía indicar que ninguna de las dos posturas era correcta. La crítica general se volvió particular, cuestión de bandos e intereses, maniqueísmo puro.

En esta época se dan dos hechos interesantes; la conquista, aparentemente definitiva, de espacios en los principales espacios deportivos como consecuencia de la aceptación de la lucha libre como parte de nuestra cultura -aunque bajo el tono de "lo populacho es in"- El luchador se volvió, sino parte medular, si una fuente de información para revistas del corazón. En el plano deportivo incluso logro tener espacios en los programas deportivos dirigidos por el periodista más influyente del área, José Ramón Fernandez, algo inaudito, atendiendo al histórico desdén con la cual el periodista suele ver a la lucha libre. Aunque la cobertura fue pasajera, no lo fue así en otros diarios y medios que cada vez eran más populares -internet-. En buena medida, la experiencia del nuevo milenio sirvió para que la lucha libre tuviera un espacio en varios segmentos deportivos y dar pie a una nueva generación de periodistas.

El otro factor de relevancia fue el surgimiento del mal llamado "periodista ciudadano", el bloggero, youtuber, forista. Aficionados que, sin restricción alguna, opinaban a menudo sin sustento, las menos con fundamento, de cualquier tópico de la industria, les fuera ajeno o no, con conocimiento de causa o sin él, la crítica por la crítica que no solo no respetaba a los códigos de la lucha libre sino que tampoco respetaba a las reglas del periodismo. Nadie estaba listo para recibir tanta información proveniente de tantas "fuentes", ni a nadie le parecía importante corroborarla. las historias contadas se daban por ciertas, la imaginación se imponía a la razón. 

La existencia de las condiciones anteriormente señaladas dieron pie al periodismo luchistico de la actualidad, el cual, a mi entender, tiene las siguientes características; derivado del fracaso del periodismo critico que termino por emigrar a otros deportes de contacto tales como el box o las AMM volvimos a un periodismo proteccionista de la industria, cómplice y abiertamente corporativo; es un periodismo que pondera a la publicidad por encima de la información, hecho que de alguna manera trae de vuelta al periodista promotor -aunque en una escala micro-; las plumas más influyentes del boom del nuevo milenio, tanto de la prensa formal como de la internauta, se quedaron ahí, no sobrevivieron, actualmente quienes escriben sobre lucha libre en los espacios deportivos con mayor repercusión, no destacaron nunca en aquellos años pero, indudablemente, tuvieron mayor capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, o bien, fueron bendecidos por la suerte tal y como es el caso de los narradores de Cadena Tres; a juzgar por lo escrito en la prensa diría que pululan las columnas de corte cómico, con lenguaje coloquial, la lucha libre volvió a lo más básico; Pondera al aspecto mediático por encima del mérito técnico, una buena función es aquella que ofrece más sorpresas de esta naturaleza, "la sorpresa" es la nota más buscada durante la cobertura de cada función.

Se podrìa decir que actualmente la lucha libre tiene la mayor cobertura periodistica de su historia, lamentablemente, esta se presenta a la par del declive de la prensa especializada y de la propia popularidad de la lucha libre. Se logró el objetivo, es indudable, pero la consecución del mismo no provoca la sensación de triunfo que deberia.

Te recuerdo seguirme en Twitter (@loscoliseinos) y Facebook (los coliseinos). Hasta pronto.

jueves, 1 de enero de 2015

¿Qué es la lucha libre?

En otras ocasiones he tenido la oportunidad de escribir acerca del final del que, hasta ahora, es el último boom de la lucha libre mexicana, etapa que no pocos solemos ubicar en el año 2007 y de la que, salvo para efectos de referencia histórica, no quisiera ser más reiterativo en las causas de su origen ni en sus protagonistas. Tan solo agregaría una consideración que en otras ocasiones ni siquiera me había planteado, esto es, que en aquel año no solo se hubiera dado inicio al fin del boom, sino que ademas, hubiera  sido el punto de partida para el inicio de una nueva etapa para la lucha libre, el punto de partida para la creación de un nuevo producto, una nueva manera de concebirla que incluso diera pie a redefinir a la misma y preguntarse ¿Qué es la lucha libre?

Las promotoras. Una queja recurrente a lo largo de estos años ha sido dirigida hacia la  pobreza creativa, de estructura y de propuesta en las empresas y promotoras mexicanas. En estos años los empresarios espontáneos, carentes de seriedad y solvencia así como los escenarios improvisados son el común denominador en la industria, no existe un circuito en forma (ni en número, ni en frecuencia), que tenga la capacidad para satisfacer a la demanda laboral de los luchadores nacionales, es más, ni siquiera existe una estructura que pueda replicar al sistema de promociones que operaba a mediados de los noventa (ya para entonces en decadencia), y no solo eso, formatos, reglas y estrategias de promoción que se consideraban indispensables ya han dejado de operar, no los hay más. No se trata de evocar a la nostalgia, ni de pedir el regreso de lo que probablemente ya no regresara, se trata de advertir que tras poco más de ocho años ya no se puede hablar de algo pasajero sino de una tendencia, de una realidad, una nueva forma de promover que, partiendo de la inexperiencia, creo sus propios códigos, nuevas formas de promover y de relacionarse con los luchadores, vaya, hasta se creo una nueva forma de tasar a los servicios profesionales de un luchador. Dicho sea de paso, la aceptación de esta nueva realidad, confirmada con el paso de los años, será la constante a lo largo del cuerpo del presente escrito.

El Mito. A lo largo de la historia el mito de la lucha libre se ha ido modificando, en primera instancia tuvo que ver con la realidad de la misma, posteriormente con el misterio detrás de una máscara (el más popular y duradero de todos) para nuevamente enfocarse en su realidad. Mitos con diversos periodos de duración que alimentaban a la imaginación de los aficionados y que constituían el necesario ingrediente de misticismo que requiere el deporte-espectáculo.

Lo anterior me lleva a preguntarme ¿Cuál es el mito de la lucha libre moderna? Si nos centramos en los dos principales e históricos mitos; realidad y misterio, tenemos que ambos no son trascendentales para la lucha libre modera. Del primero de ellos se puede decir que, a juzgar por las opiniones vertidas en redes sociales, el aficionado actual ha concluido que la lucha libre es un deporte de competencia legitima en donde las empresas obligan o sobornan a sus luchadores para dejarse perder (sobre todo en compromisos de relevancia). En resumen, conciben a las empresas como insensibles corporativos que por intereses económicos son capaces de corromper al espíritu deportivo y, a su vez, conciben a sus héroes como individuos victimas de ese sistema, o bien, como altamente corruptos y parte indispensable del mismo (motivo por el cual "se venden")

La historia con el misterio detrás de las máscaras tiene un destino similar al anterior, está devaluado y ya es poco importante. Si continuamos con la idea de que el aficionado percibe a la lucha libre como una actividad real pero corrupta, es lógico que perciban a la máscara como un medio estrictamente de lucro, nada más, y si a ello le agregamos las cada vez más recurrentes practicas de reasignar personajes a los luchadores, reenmascararse, cambiar de máscara cada que venga un cambio de empresa, despojarse de la misma con miras a trabajar en el extranjero o de apostarla teniendo apenas un par de años como luchador profesional, vemos que, quiéranlo o no, el misterio de un luchador, su máscara, es cada vez menos importante para los luchadores, aunque en el discurso digan cosas como "la máscara es la vida de un luchador".

sábado, 20 de septiembre de 2014

Atlantis ¿Qué lugar ocupa en la historia de nuestra lucha?

La lucha libre, como la mayoría de profesiones, es una carrera de resistencia, una carrera en donde algunos tienen ascensos meteóricos pero que después ya no pasa nada con ellos, trapean el piso con su prestigio, o bien, donde tras mucho tiempo de picar piedra la recompensa llega en una etapa tardía. Muy pocos pueden presumir de contar con una carrera exitosa en todas y cada una de sus etapas, uno de esos pocos privilegiados es Atlantis, quien con su triunfo de anoche llegó a la increíble marca de protagonizar y vencer en cada una de las cuatro décadas en que le ha tocado luchar en funciones de aniversario. Un hecho simplemente impresionante que lo desmarca del resto de luchadores.

A Atlantis, como a cualquier otra figura que se precie de gozar del éxito, no le faltan detractores, al contrario, son numerosas las voces que en un análisis simplista y sesgado reducen la carrera de Atlantis a ser un mero protegido de Francisco Alonso Lutteroth. Voces que deliberadamente omiten señalar que pese a que Atlantis, al igual que muchos otros, fue promovido a temprana edad con miras a convertirlo en una estrella aún y cuando todavía era inmaduro, él, a diferencia de cientos de luchadores, si pudo triunfar y mantenerse como uno de los favoritos del público. 
Estas mismas voces también suelen ser tendenciosas y contar verdades a medias, por ejemplo, que Atlantis solo es premiado por su lealtad a su empresa. Si esto fuera cierto, luchadores como Octagón nunca hubieran abandonado los planes estelares, seguirían acumulando éxitos y siendo pieza fundamental de los eventos estelares de su empresa en vez de llevar años sin tener un solo éxito y de trabajar en arenas para doscientas personas. No, para triunfar en la lucha libre no basta con contar con el apoyo de tu empresa ni con ser leal, es importante, por supuesto, pero es más importante tener calidad, disciplina, ser profesional, saber luchar y saber interpretar cada momento en tu carrera.

Atlantis ha tenido en cada etapa de su carrera en el CMLL una dura competencia, compartió el escenario con luchadores que lo superaban en calidad e incluso llegó a tener un momento de crisis en donde, tras un error de lectura, no había entendido el cambio de aires y por ello fue superado en popularidad por el Dr. Wagner Jr., sin embargo, hasta ese momento, estando en la peor etapa de su carrera, estaba proyectado para ser parte del evento estelar de un aniversario ¿Qué otros de sus contemporáneos tendrían ese privilegio? Muchos de sus compañeros de generación, anteriores y posteriores, ante una crisis no les queda de otra que apostar su máscara en una empresa sin prestigio.

jueves, 10 de abril de 2014

¿Quién es el público de la lucha libre en la actualidad?

En décadas pasadas era fácil de identificar al aficionado común de la lucha libre, el común denominador era ver sujetos pertenecientes a la clase popular, familias enteras que acudían con frecuencia a presenciar un espectáculo, que hasta antes del 200X, era considerado vulgar y tratado con tono peyorativo por contar con un “target” ubicado en sectores con poco poder adquisitivo.

En el 200X y años posteriores se vio a un nuevo tipo de aficionado; individuos que se ubicaban dentro de la clase media mexicana, hijos y nietos de los viejos aficionados de la lucha libre que, en un movimiento natural, regresaban con un mayor poder adquisitivo que el de sus predecesores. Las familias seguían estando presentes, pero cada vez se veían en las arenas a más grupos de aficionados que ya no estaban ligados por línea consanguínea sino por amistad. Hablamos de individuos entre 16 a 25 años de edad quienes ya no compartían su afición con sus familiares, sino con sus amistades. La lucha libre ya no se vivía como antes, ahora el aficionado estaba más cerca de ser un fanático.

En esta época también llegó el aficionado con un poder adquisitivo superior, aquel que pertenece a la clase media-alta, o alta, y a quien se acusa, tal vez injustificadamente, de ser un aficionado poco instruido, alguien que sigue a la lucha libre por moda y no por un genuino interés. Más allá de las descalificaciones a la ligera que reciben los aficionados de este sector, lo cierto es que representan un grupo que en oposición al de los fanáticos, no están al pendiente de las noticias de la industria, ni especulan sobre la misma, sino que más allá de seguir a alguien en particular o de fijarse en la calidad del espectáculo, simplemente acuden a las arenas porque quieren y pueden.

Ambos grupos poco a poco fueron desplazando a las familias como grupo preponderante en las arenas. ¿Por qué sucedió esto? La respuesta seria un fenómeno digno de estudio, toda vez que la economía pareciera no ser suficiente razón para haber provocado este distanciamiento ya que, por ejemplo, la economía del país en los ochentas no era nada buena y pese a ello las arenas estaban llenas de las clásicas familias mexicanas de aquel entonces –de por lo menos cuatro a seis integrantes- Los jefes de familia se las arreglaban para llevar a su esposa e hijos a la arena ¿Cuál fue la razón entonces? Tengo la teoría de que uno de los motivos fue que se descuidó el contenido familiar, y con esto no quiero decir que la lucha libre se volvió clasificación C, sino que sus conceptos, sus personajes e incluso la forma de estar comunicada con ella, poco tenía que ver con el típico aficionado que se venía cultivando durante décadas y sí mucho que ver con los adolescentes pertenecientes a la era de las redes sociales y la tecnología de bolsillo. Si hacemos memoria vamos a encontrar a muy pocos ejemplos de personajes y conceptos verdaderamente familiares que se formaran dentro de este periodo. Se llevaron a cabo muy pocas ideas que contaran con la aceptación del viejo público de la lucha libre, y por el contrario, la mayoría de ellas estuvo enfocadas a las nuevas generaciones.